TEORIA CIENCIA Y TECNOLOGIA


El ser humano observa la realidad, en especial trata de explicar hechos buscando relaciones causales del porque y como ocurren los fenómenos, cuando encuentra una generalización la relacionaron el cuerpo de conocimientos ya existente.
Algunas definiciones:
Sistema de saber generalizado, explicación sistemática de determinados aspectos de la realidad.
Sistema explicativo que relaciona todo un grupo de leyes indicando el como y el porque de esa relación.
Conjunto de construcciones hipotéticas, definiciones y proposiciones interrelacionadas entre si, que ofrecen un punto de vista sistemáticos de los fenómenos al especificar las relaciones existentes entre variables, con el objeto de especificar y predecir los acontecimientos.
Características de teoría:
  • La teoría esta compuesta por abstracciones o construcciones lógicas llamadas conceptos.
  • Reúne el conocimiento de las ciencias y promueve su desarrollo.
  • Sistematiza las generalizaciones empíricas y permite la identificación de factores causantes de los fenómenos.
  • Sirve de base para la formulación de hipótesis.
  • Facilita la predicción de hechos al proporcionar una base en la construcción del conocimiento.
Algunos términos o clasificaciones:
  • Emergencia de una teoría.
  • Quehacer teórico.
  • Principios teóricos.
  • Tesis teóricas.
  • Aspectos teóricos.
  • Marcos teóricos.
  • Reto teórico.
  • Evoluciones teóricas.
  • Singularidad teórica.
  • Alterar la teoría.
  • Buena teoría.
Otras clasificaciones:
  • Teorías de la satisfacción.
  • Teorías libertarias individualistas.
  • Teorías libertarias de orientación social.
  • Teorías de la excelencia o de la perfección.
  • Eticas formales.
  • Teorías, principios y reglas bioéticas.

REFERENCIA:
http://www.mitecnologico.com/Main/TeoriaCienciaYTecnologia

AUTOR: Gutierrez Junco Claudia








Teoria Ciencia y Tecnologia


  • Ciencia y técnica no son saberes neutrales
Algunas características de la ciencia y la tecnología
      • la ciencia y la tecnología poseen un gran potencial que puede ser utilizado para fines muy diferentes, desde la producción de alimentos y la curación de enfermedades hasta la fabricación de sustancias contaminantes y armas de destrucción.
      • Las personas que se dedican a la investigación científica y técnica se ven obligadas a ofrecer sus servicios a las grandes empresas multinacionales, es decir, al poder político. De este modo, la utilización que finalmente se haga de sus descubrimientos se les escapa de las manos en muchas ocasiones.
      • La investigación científica requiere una gran especialización y un vocabulario propio, por lo que puede darse un distanciamiento entre la sociedad y los profesionales de la ciencia.
La actividad cinética no está por encima del bien y del mal, sino que, como cualquier otra actividad humana, tiene una dimensión ética.
La ciencia como búsqueda de la verdad
Desde la antigüedad clásica y hasta el final de la edad media la ciencia se extendía como un conocimiento indudable. Se contraponía al saber vulgar. A partir del siglo XVI se abrió paso un nuevo concepto de ciencia, según el cual todos los conocimientos pasan a ser considerados hipótesis, pero que quedan sometidas en todo momento a la posibilidad de revisión y modificación.
La ciencia moderna ya no se entiendo como un conjunto de verdades definitivas, sino más bien como un conjunto de exploraciones que se aceptan provisionalmente, es decir, que se consideran verdaderas mientras no se encuentren otras mejores. Por eso se puede decir que las verdades que van descubriendo los científicos forman parte de un proceso limitado de búsqueda de la verdad.
La ciencia moderna y su afán de dominio
Suele decirse que los antiguos cultivaban las ciencias por pura curiosidad.
En cambio, la ciencia moderna y sus aplicaciones técnicas se caracterizan por un incansables afán de dominar la naturaleza y de ordenar la sociedad.
Esto ha sido posible por la estrecha relación que se ha establecido entre ciencia, técnica y tecnología. Hoy se suele llamar tecnociencia, al sistema de conocimientos científicos y aplicaciones prácticas de esos conocimientos, queriendo trasmitir idea de que el interés predominante es el de prever y dominar los fenómenos naturales.
La tecnociencia se inició en la edad moderna y desde entonces ha conseguido mejorar de forma espectacular las condiciones sanitarias, los transportes, la producción masiva de alimentos o las comunicaciones. Pero también ha provocado efectos negativos, como el deterioro del medio ambiente , la carrera de armamentos, la desigualdad entre países y la dominación de unos sobre otros.
  • Ciencia y progreso
Del progreso ilimitado a la prudencia responsable
Entre los siglos XVI y XIX numerosos científicos e intelectuales mantuvieron una visión optimista del futuro de la humanidad. Pensaban que el desarrollo económico y social que producía la tecnociencia, podría mejorar las condiciones de vida en todo el mundo. Sin embargo, este optimismo se fue desvaneciendo a medida que se vieron casa vez más claras las consecuencia negativas alas que nos hemos referido antes. Pero tampoco se trata de caer en un pesimismo inoperante, sino de corregir las consecuencias negativas del desarrollo científico-técnico y económico con ayuda de la propia ciencia.
La ciencia y la técnica en beneficio de toda la humanidad
Dado que los conocimientos científicos son el producto de un proceso en el que han participado miles de personas a lo largo de la historia, parece justo que los beneficios que se derivan de dichos conocimientos sean disfrutados por toda la humanidad.
Sin embargo, la investigación científica es una actividad muy costosa. Se necesitan investigadores bien formados , y los medios materiales como laboratorios, aparatos o bibliotecas son complejos y caros. Por esta razón, los países y las empresas que invierten en investigación se fijan unos metas muy claras y concretas, intentando rentabilizar al máximo esta actividad.
Del mismo modo, en muchas ocasiones no se tienen en cuanta las consecuencias negativas ni los riesgos que se derivan de realizar ciertas investigaciones o de usar determinadas tecnologías.
La nueva colonización tecnológica
Es frecuente que muchos descubrimientos e inventos permanezcan en secreto pro razones militares y de rivalidad entre compañías comerciales. Pero lo más escandaloso es que en ocasiones los países ricos realizan sus experimentos más peligrosos y contaminantes en los países pobres e instalan en ellos las industrias de mayor riesgo, mientras que se reservan los beneficios posteriores para su disfrute en exclusiva, o hacen pagar un alto precio a esos países por la licencia de usos de las nuevas tecnologías.
En consecuencia, el diferente potencial científico e investigador de los países ricos o los países pobres abunda aún más las produce una situación de dependencia tecnológica: la colonización científico-técnica.
Unos pocos países i unas pocas empresas transnacionales tienen muchas veces en sus manos las posibilidades de desarrollo de regiones enteras. Así vemos que la colonización tecnológica produce también una colonización económica. Muchos países que poseen materias primas no tienen la tecnología necesaria para su transformación.
Muchos países tecnológicamente dependientes han acumulado una deuda enorme, que con frecuencia supera sus posibilidades de pago. Se encuentran, por lo tanto, obligados a comprar tecnología, pero a la vez les resulta imposible pagarla.
  • Valores que orientan la tarea investigadora
Ya hemos mencionado dos de los grandes objetivos que han orientado a los científicos de todas las épocas históricas: conocer la verdad y transformar el mundo aplicando los nuevos conocimientos que se descubrían. La ciencia es la investigación y la enseñanza de la verdad.
El papel de los prejuicios
Los prejuicios son errores de comprensión, creencia, conconcepciones, opiniones o costumbres que consideramos verdaderas, pero que no nos hemos detenido a examinar.
En algunas ocasiones se han realizado descubrimientos porque un científico se ha detenido a examinar con cuidado una concepción.
EL papel de los prejuicios es ambivalente: en muchas ocasiones la ciencia avanza criticando los prejuicios y poniendo de manifiesto su falsedad.
La crítica de los dogmas
El dogmatismo consiste en mantener a todo costa una opinión sin permitir que pueda ser criticada. EN ocasiones la ciencia ha progresado criticando dogmas, mostrando que esas concepciones u opiniones no eran verdaderas, aunque hubieran sido consideradas así por muchas personas durante mucho tiempo.
La fuerza de los argumentos
Dejarse influir por prejuicios o aceptar dogmas son actitudes que cualquier científico debería rechazar. Es decir, los científicos de cualquier ámbito del saber humano han de sacrificar sus preferencias y sus gustos, sus intereses y sus inclinaciones, para perseguir con todas sus fuerzas el descubrimiento .
La actitud propia de la ciencia es precisamente la de argumentar con rigor para descubrir hasta qué punto son verdaderos los prejuicios son los que vivimos.
En los prejuicios y las dogmas, es necesario que los investigadores publiquen libremente los resultados de sus investigaciones, de modo que puedan ser contrastados por los demás investigadores de su misma especialidad.
Por estas razones, podemos considerar que la ciencia es el producto de una comunidad de investigadores que se ha ido formando a lo largo de los siglos.
  • La ética y los avances científico-técnicos
4.1.La ética profesional
En la actualidad, los científicos ven la necesidad de introducir principios éticos. Se trata de principios como el del respeto a la vida y a la libertad de todas las personas.
De este modo, los científicos han comenzado a elaborar sus propios códigos de ética profesional con el fin de fijar cuáles son las normas por las que debe orientarse su trabajo.
4.2. Principios éticos en la medicina
EL caso de la medicina es probablemente el más antiguos de fijación de normas y principios éticos.
Los tres principios éticos más relevantes que han descubierto los médicos desde Hipócrates son los siguientes:
    • Principios de beneficencia: prohíbe causar daños a las personas y obliga a procurarles los cuidados oportunos para recuperar la salud. Este principio implica que la actuación del medico ha de tener siempre como finalidad última el bien del paciente, aunque para lograrlo sea preciso realizar alguna acción desagradable.
    • Principios de autonomía: que obliga a los médicos a tener en cuenta los deseos libremente expresados del paciente, y proteger los intereses de éste cuando no esté en condiciones de expresar su voluntas. Este implica la prohibición de realizar ciertos tratamientos que conllevan riesgos.
    • Principio de justicia: obliga a plantearse seriamente la cuestión de cómo distribuir los recursos económicos de que dispone una sociedad para preservar la salud de sus ciudadanos. Este principio puede implicar, por ejemplo, que la Seguridad Social no se haga cargo de ciertos tratamientos médicos excesivamente costosos si el hacerlo implica desatender las necesidades básicas de salud de la mayor parte de la población.
4.3. El control ciudadanos
Todos nos vemos afectados por las decisiones que puedan tomar los expertos, no debemos dejarlas totalmente en sus manos. Los ciudadanos tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad en todos esos temas:
    • informándonos seriamente sobre ello,
    • participando en el debate público y en la toma de decisiones sobre asuntos como el uso de la energía atómica.
  • Una viada más humana
Grandes inventos basados en los avances de la ciencia, nos ayudaron a tener una vida más fácil, libre y cómoda.
Por tanto, si queremos preservar nuestra intimidad personal, nuestra autonomía y nuestra memoria colectiva, es preciso estar muy vigilantes. No bastara con que existan leyes que prohíben la utilización abusiva de esos medios técnicos, sino que es preciso crear en nosotros la mentalidad de que los avances científicos tienen que estar al servicio de una mayor calidad de vida para todos. Y “todos” no significa “los ciudadanos de los países ricos”, sino todas las personas que pueblan la Tierra y también las generaciones futuras.
  • Casos de estudio
5.1. La manipulación genética
Suele entenderse por manipulación genética todos alteración artificial y voluntaria de los caracteres hereditarios que se trasmitirán a la siguiente generación. Es decir, consiste en alternar los genes, que son los elementos responsables de la transmisión de caracteres de los padres a los hijos, para producir diferentes efectos sobre las generaciones sucesivas.
Sin embargo, en la actualidad existen tácticas para alternar directamente determinados caracteres de una especie. De este modo se obtienen especies más rentables para los seres humanos: los llamados alimentos transgénicos.
En principio, estos alimentos son el resultado de una manipulación genética que los hace más fáciles de producir , de conservar y de transportar. Pero aún quedan dudas de su total beneficio.
5.2. El proyecto Genoma Humano
mapa del genoma o conjunto de genes que están presentes en la especie humana.
La utilidad de tal proyecto consiste en que se obtiene un conocimiento muy valioso de los procesos moleculares que ocurren en las enfermedades hereditarias. Este conocimiento hace posible la prevención, el diagnóstico precoz e incluso la curación de muchas enfermedades.
En la actualidad este proyecto se ha culminado en su primera fase: se ha conseguido completar el genoma, es decir, se han identificado todos los genes que se transmiten de una generación a otra. Pero aun queda mucho trabajo por realizar, pues ahora ha que averiguar cuál es la función de cada uno de los genes identificados, así como descubrir la forma de intervenir sobre él para prevenir.
5.4.1. Riesgos del proyecto
EL conocimiento del genoma de un apersona concreta implica conocer datos de su intimidad que podrían conducir a discriminarla en el trabajo, etc. Pensemos que se podrá conocer la propensión de una persona a contraer determinadas enfermedades ,etc.
LA ingeniería genética hace posible no sólo trabajar con material genético, sino también modificar la estructura interna de los genes. De esta manera, los científicos dispondrían de un instrumento muy poderoso, la dominación de unos hombres por otros, dado que, la ingeniería genética podrá efectuar una selección artificial en los seres humanos , alternando no solo el color de los ojos, sino también algunas características como el del sistema nervioso o del sistema endocrino. El debate este produciendo ya acerca de la posibilidad de clonar seres humanos.
5.4.2. Apuntes para una valoración moral
La razón fundamental por la que el proyecto Genoma Humano es aceptable desde un punto de vista ético resida en la enorme contribución que puede aportar a la prevención y curación de enfermedades. Así los seres humanos podrían aumentar su salud es decir, serían más dueños de su cuerpo, y en esa medida, serían más libres. Por lo tanto, el proyecto Genoma Humano ha de atender a una doble finalidad desde un punto de vista ético:
  • Ha de respetar la dignidad que posee toda persona.
  • Ha de promover la libertad de cada ser humano, precisamente en atención a su dignidad.
Por todo esto parece necesario reconocer a las personas el derecho a la inviolabilidad de su patrimonio genético.
  • La experimentación con animales
La relación de los seres humanos con los animales tienen un doble sentido. Por una parte, en cuanto animales salvajes, representan un posible peligro, puesto que podemos ser agredidos por ellos. Por otra parte, en cuanto animales domésticos, nos resultan útiles pera obtener alimentos, como carne, huevos, etc, y otros productos pero también son beneficiosos en muchos casos como animales de compañía.
7.Animales de laboratorio
La necesidad de experimentar para comprobar ha hecho aparecer otra forma en al que los animales pueden ser útiles a las personas como “animales de lanoratio”. Esto ha ocurrido en ciencias como la biología, la medicina, y también en algunas industrias. Así, cuando se trata de averiguar posibles efectos desconocidos de un nuevo medicamento, de una nueva técnica quirúrgica, etc, se realizan primero ensayos con animales.
Como esta práctica se ha generalizado, y en algunos casos se han cometido excesos, muchas personas se oponen , aun a costa de perder los beneficios que se puedan obtener. Entienden que la utilidad no es una razón suficiente que justifique los sufrimiento de los animales en los ensayos de laboratorio, añaden que hacen sufrir a los animales sin razón justificada. Estas dos posturas coinciden en que, siempre que sea posible, se debe evitar el sufrimiento innecesario de cualquier animal.
  • ¿Máquinas biológicas?
René Descartes, filósofo del siglo XVII, entendió que los seres humanos están compuestos de dos realidades: una material, el cuerpo, y otra espiritual, el alma. Ésta se encarga de realizar las funciones intelectuales superiores, como pensar, querer, amar... El cuerpo no es más que in conjunto de órganos que tienen un funcionamiento mecánico y, en algunos casos, independiente del alma. Como el alma es de naturaleza racional no cabe pensar que los animales la posean, Descartes concluye, que los animales al igual que el cuerpo humano, no son más que máquinas muy perfeccionadas y complejas, carentes de facultades superiores, incluida la de sentir.
  • Las nuevas tecnologías de la información y comunicación
Aunque los primeros ordenadores aparecieron entre 1941 y 1946, fue el descubrimiento de la microelectrónica en 1971 lo que revolucionó las tecnologías de la información. En efecto, a partir de los años setenta se produjeron importantes descubrimientos en el campo de las telecomunicaciones. Desde entonces, a la microelectrónica hay que sumar la capacidad de interconexión entre ordenadores, lo que multiplica enormemente las posibilidades de cada PC.
La combinación de estos avances supuso un cambio importante: a partir de 1990 los ordenadores ya no se utilizan preferentemente para el almacenamiento de datos, si no que se usa su potencial de forma compartida e interactiva en red. Así Internet permite enviar y recibir información desde cualquier lugar del mundo a otro aprovechando las líneas telefónicas.
Sin disponer en duda las ventajas que aportan los avances de la microelectrónica y la telemática, hay que reflexionar sobre algunos de los problemas que plantean. Por ejemplo, las bases de datos informatizadas pueden proporcionar bienes y servicios a los ciudadanos, pero también pueden ser utilizadas para controlar muchos aspectos de nuestras vidas y exponernos a abusos por parte de quienes manejan los datos.
Hemos de considerar que las nuevas tecnologías son medios de comunicación y de tratamiento de la información, lo cual implica que no debemos permitir que se transformen en fines en sí mismos: han de usarse al servicio de la humanidad.


Fuente:
http://html.rincondelvago.com/ciencia-y-tecnologia_1.html


Posteo: Romero Pastén Luis Angel






Los éxitos de la ciencia, en su alianza con la tecnología son indudables. Nos han proporcionado una gran capacidad para explicar, controlar y transformar el mundo.
La importancia de la ciencia y la tecnología aumenta en la medida en la que el mundo se adentra en lo que se ha dado en llamar "la sociedad del conocimiento", es decir, sociedades en las cuales la importancia del conocimiento crece constantemente por su incorporación a los procesos productivos y de servicios, por su relevancia en el ejercicio de la participación popular en los procesos de gobierno y también para la buena conducción de la vida personal y familiar.
La enorme capacidad cognoscitiva de la humanidad debe ejercer una influencia cada vez mayor en la vida de las sociedades y las personas.
Por eso es que la reflexión sobre la ciencia es un tema al cual el pensamiento moderno, sobre todo el de la segunda mitad de este siglo, ha dedicado especial atención.
Este ensayo se dirige a personas que estudian las ciencias (naturales, sociales, técnicas u otras) o se interesan por ellas para presentarles una cierta imagen de la ciencia tal y como ella emerge del debate contemporáneo. Enseñar y aprender la ciencia requiere una cierta "vigilancia epistemológica" que impida que nuestros actos epistémicos sean conducidos por enfoques que simplifiquen y tergiversen la naturaleza real de la praxis científica.
La tesis que anima mi exposición es ésta: no sólo necesitamos saber de ciencia sino sobre la ciencia.
Según creo, la relevancia de este planteamiento es extensiva a las personas que se dedican principalmente a la actividad tecnológica. La ciencia y la moderna tecnología son inseparables; en consecuencia han llegado a ser actividades casi indistinguibles. Es difícil saber a que se dedican las personas que trabajan en un laboratorio de investigación-desarrollo de una gran industria: ¿hacen ciencia o hacen tecnología? Quizás simplemente hagan "tecnociencia", actividad donde los viejos límites son desdibujados.
En todo caso cualquier discusión sobre la ciencia es relevante para la tecnología y viceversa. A fin de cuentas se trata del conocimiento y su significación social.

El Dominio de la Ciencia y la Tecnología

La tecnología moderna apoyada en el desarrollo científico (tecnociencia) ejerce una influencia extraordinaria en la vida social en todos sus ámbitos: económico político, militar, cultural. La Revolución Científica del Siglo XVII, y la Revolución Industrial iniciada en el Siglo XVIII fueron procesos relativamente independientes. La fecundación recíproca y sistemática entre ciencia y tecnología es, sobre todo, un fenómeno que se materializa a partir de la segunda mitad del siglo y se acentúa notablemente en el siglo actual. El tránsito que vivimos del siglo XX al siglo XXI es un período profundamente marcado por el desarrollo científico y tecnológico.
Lo primero que debe conocer un estudiante que se incorpora a estudios en los campos de la ciencia y la tecnología es que se sumerge en uno de los territorios que definen en gran medida el poder mundial.
La imagen de la ciencia como una actividad de individuos aislados que buscan afanosamente la verdad sin otros intereses que los cognitivos, a veces transmitida por los libros de texto, no coincide para nada con la realidad social de la ciencia contemporánea. En gran medida el desarrollo científico y tecnológico de este siglo ha sido impulsado por intereses vinculados al afán de hegemonía mundial de las grandes potencias y a las exigencias del desarrollo industrial y las pautas de consumo que se producen y se difunden desde las sociedades que han marcado la avanzada en los procesos de modernización.
Por eso los Estados y las grandes empresas transnacionales se cuentan entre los mayores protagonistas de la ciencia y la tecnología contemporáneas.
Durante el siglo XIX surgió la llamada ciencia académica vinculada a la profesionalización del trabajo científico y la consolidación de la investigación científica como una función relevante de la universidad (el paradigma es la Universidad Alemana de inicios del siglo XIX). En este proceso cristalizó también la imagen de la ciencia como búsqueda desinteresada de la verdad a la que aludí antes.
Pero la relación ciencia - sociedad ha experimentado cambios bruscos en este siglo. Sin embargo, hasta hace apenas dos décadas prevaleció un enfoque que hoy se considera insatisfactorio. La idea era que había que invertir fuertemente en investigación básica, lo que a la larga generaría innovación tecnológica y ésta favorecería el desarrollo social. Tras esta idea, en el período que media entre la Segunda Guerra Mundial y los años setenta se invirtió mucho dinero con este fin. La crisis económica que experimentó el capitalismo mundial obligó a reconsiderar este enfoque y transitar a un modelo mucho más dirigista del desarrollo científico técnico. Esto es lo que es propio de la llamada Tercera Revolución Industrial caracterizada por el liderazgo de la microelectrónica y el protagonismo de la Biotecnología, la búsqueda de nuevas formas de energía, los nuevos materiales, entre otros sectores.
Hoy en día es escasa la práctica científica alejada de intereses de aplicación con fines económicos o de otro tipo, lo cual tiene implicaciones en la actividad científica, en la vida de los científicos, las instituciones que los acogen y sus relaciones con la sociedad. La psicología y la ideología empresariales están presentes en el mundo de la ciencia. No es por gusto que los problemas éticos asociados a ciencia y tecnología constituyen preocupaciones cotidianas hoy. Se ha dicho que el poder acumulado es tanto que la pregunta: ¿qué se puede hacer? ha sido desplazada por ¿qué se debe hacer?
Pero ese poder extraordinario está muy mal distribuido a nivel mundial. La inmensa mayoría de la capacidad científica y tecnológica se concentra en un reducido grupo de países industrializados. Las revoluciones científica e industrial de los Siglos XVII y XVIII se desenvolvieron en Europa asociadas al cambio económico, político y cultural que experimentaron aquellas sociedades a partir del Renacimiento. Durante los dos siglos siguientes algunos países lograron incorporarse activamente a esos procesos, entre ellos Estados Unidos, Rusia y Japón.
La mayor parte del mundo, sin embargo, apenas tiene participación en la definición y ejecución de los cursos científico técnicos. Se ha dicho que la ciencia mundial está aún más concentrada que la riqueza mundial. América Latina, por ejemplo, tiene muy poca participación en ciencia y tecnología: poco más del 2% de los científicos e ingenieros que realizan tareas de investigación y desarrollo en el planeta y algo más del 1% de los recursos que se invierten con ese fin.
Sobre todo desde los años sesenta se viene insistiendo en que la salida del subdesarrollo obliga a crear capacidades en ciencia y tecnología. Pero los discursos han desbordado a las realizaciones prácticas.
Dentro de ese panorama la posición de Cuba es muy singular: con relación a sus recursos económicos el país ha hecho un esfuerzo extraordinario en ciencia y tecnología lo cual expresa una voluntad política muy definida. Cuba sigue apostando al desarrollo científico y tecnológico como vehículo del desarrollo social. La ambición por satisfacer las necesidades humanas básicas (en salud, alimentación, etc.) y la necesidad de articular de modo beneficioso la economía cubana a la economía internacional, son los móviles del desarrollo científico y tecnológico cubano que descansa en un esfuerzo educacional sostenido por casi 40 años.
Mientras la mayor parte de los países del Tercer Mundo han renunciado al protagonismo en el campo científico, Cuba insiste en desarrollar una base científico y tecnológica endógena. El problema de la relación ciencia-tecnología-desarrollo es para nuestro país un tema fundamental. Dentro de ese ambicioso propósito la responsabilidad social de la intelectualidad científico técnica es esencial.

Enfoques de la Ciencia

Casi todo el mundo acepta que la ciencia ha avanzado considerablemente. Ese éxito ha conducido a suponer que hay algo muy especial en la praxis científica, una cierta manera de proceder que permite develar las esencias más profundas de la realidad. A esa llave triunfadora se le ha denominado método científico. Así, los científicos armados del método son capaces de hacer progresar ininterrumpidamente el conocimiento hacia la verdad. En esta visión el afán de búsqueda de la verdad es el motor impulsor de ese avance. Los científicos son personas que actúan racionalmente, entendida la racionalidad como la capacidad de subordinar las teorías a los hechos de la realidad, y realizar las selecciones teóricas a partir de la evidencia empírica y teórica. Y ese progreso científico es la base del progreso humano, moral y material.
Verdad, racionalidad, progreso, método científico, son temas que han llenado volúmenes y son parte de una concepción de la ciencia que hacia fines del Siglo XX es puesta en duda.
Desde otras visiones filosóficas distintas, la ciencia se concibe una tradición entre otras. Nada hay en ella que la haga superior a otras tradiciones espirituales. Es más, ese paradigma de racionalidad y verdad ha sido inventado por los propios científicos en su provecho: esa es la fuente del poder de los expertos y parte de su estrategia de ascenso social.
Las teorías no son ni verdaderas ni falsas -según esta misma lógica- apenas son instrumentos convencionales para controlar y manipular la realidad. No existe el método científico ni la ciencia dispone de ningún recurso especial para conocer. Existen muchas otras experiencias cognoscitivas y espirituales que dicen más del mundo y de nosotros mismos que la ciencia.
Además, la tecnociencia degrada el ambiente, polariza la riqueza mundial, discrimina la mujer. La felicidad debe cuidarse de la racionalidad científica y su visión mutilada y empobrecida del mundo. Paul Feyerabend (1981) sugiere decir adiós a la razón. "con la idea de que la ciencia no posee ningún método particular, llegamos a la conclusión de que la separación de ciencia y no ciencia no sólo es artificial, sino que va en perjuicio del avance del conocimiento. Si deseamos comprender la naturaleza, si deseamos dominar nuestro contorno físico, entonces hemos de hacer uso de todas las ideas, de todos los métodos, y no de una pequeña selección de ellos. La afirmación de que no existe conocimiento alguno fuera de la ciencia  extra scientiam nulla salus- no es más que otro cuento de hadas interesado". (p.301).
Llamo la atención sobre el carácter extremo de ambas perspectivas.
La educación científica, especializada y al nivel popular, debe saber colocar las cosas en su lugar. Según creo esto incluye fomentar una imagen crítica de la praxis científica y sus resultados, así como de sus resonancias sociales. Pero esa imagen crítica no puede conducir a despedir a la razón ni a equiparar la ciencia con cualquier otra tradición espiritual. La astrología puede ser atractiva pero no tiene la solidez intelectual (empírica, teórica, lógica)de la Mecánica Cuántica o la Cinética Molecular. Puede ser muy agradable estar tendido al sol especulando mentalmente sobre lo divino y lo humano pero difícilmente esto haga progresar sensiblemente el conocimiento de la realidad; es posible que el método científico no sea un algoritmo infalible pero es algo distinto a charlar o discutir sin fines o metódicas definidas.
Es verdad que la ciencia y la tecnología no garantizan el progreso social. La razón es simple: ellas no actúan en un vacío social. Sólo la política, la economía, la moral pueden convertirlas en aliadas del hombre o en sus enemigos.
En suma, debemos evitar la ingenuidad epistemológica y social respecto a ciencia y tecnología; no podemos suponerlas esencialmente verdaderas y benefactoras en sí mismas al margen de las actuaciones de los hombres y sus conductas políticas y morales.
Este punto es especialmente polémico. Hay toda una concepción que podríamos llamar "tradicional" y que encuentra sus referentes principales en la tradición del positivismo y el empirismo lógico y también en el criticismo popperiano que insiste en disociar la ciencia y sus metas sociales. Según esa concepción la discusión sobre la racionalidad científica debe limitarse a su capacidad de producir conocimiento objetivo, verdad. El efecto social benefactor de ello será una consecuencia de la actuación racional.
Según Vessuri (1987) "La prescripción metodológica fundamental de la ideología científica occidental académica es la separación del ámbito intelectual respecto de los factores psicológicos, sociológicos, económicos, políticos, morales e ideológicos. Los problemas intelectuales son claramente distinguidos de los problemas sociales, humanos. Se supone que tienen un carácter impersonal, objetivo, siendo concebidos como existentes con relativa independencia de los pensamientos, experiencias, objetivos y acciones de personas individuales. La racionalidad, los estándares científicos se argumenta- tienen que ver exclusivamente con la evaluación de las pretensiones de conocimientos, la evaluación de los resultados con respecto a la verdad, y su adecuación con relación a los hechos." (p.10).
Esa disociación entre conocimiento y valores sociales no parece muy oportuna a la luz de los usos diversos, a veces antihumanos, que puede tener el conocimiento. La aprobación de proyectos de investigación, la definición de prioridades en ciencia y tecnología, son procesos profundamente mediatizados por los valores e incluso por las ideologías. Me parece más oportuno concebir que las metas sociales son intrínsecas a los procesos de conocimiento y las matrices que las definen: proyectos, programas, políticas de investigación.
Por otra parte, el desarrollo del conocimiento es algo bastante más complejo de lo que parece a simple vista. La primera duda epistemológica procede de una inducción pesimista sobre los resultados de la historia de la ciencia. Vistas desde hoy muchas de las teorías del pasado revelan demasiadas deficiencias para suponerlas verdaderas y sí esto es así: ¿no serían apreciadas como erróneas nuestras actuales teorías cuando sean contempladas desde el futuro?
Otra duda proviene de las limitaciones de la inducción. Bertrand Russel (Porlan, 1995) ponía el ejemplo del pavo inductivista. "Este pavo descubrió que en su primera mañana en la granja avícola comía a las 9 de la mañana. Sin embargo, siendo como era un buen inductivista, no sacó conclusiones precipitadas. Esperó hasta que recogió una gran cantidad de observaciones del hecho de que comía a las 9 de la mañana e hizo estas observaciones en gran variedad de circunstancias, en miércoles y en jueves, en días fríos y calurosos, en días lluviosos y soleados. Cada día añadía un nuevo enunciado observacional a su lista. Por último, su conciencia inductivista se sintió satisfecha y efectuó una inferencia inductiva para concluir: siempre como a las 9 de la mañana. Pero ¡ay! se demostró de manera indudable que esta conclusión era falsa cuando, la víspera de Navidad, en vez de darle la comida le cortaron el cuello". (pp. 31-32).
Es verdad que disponemos de observaciones, experimentos y en general de la práctica social para valorar el mérito de las teorías pero ellas no son jueces suprahistóricos y omnipotentes: sus capacidades evaluadoras dependen también del desarrollo histórico que las envuelven. El cielo no es igual para nosotros antes y después del telescopio. Las teorías sobre el origen del universo o la teoría psicológica de la personalidad sólo pueden evaluase con los recursos disponibles hoy. Pero mañana habrá otros, seguramente mejores.
Por eso la idea de que la ciencia busca la verdad suponiendo que se trata de un proceso que nos conduce a una verdad única y universal y que a lo largo de ese extenso camino vamos obteniendo resultados cognoscitivos (teorías, por ejemplo) incontrovertibles, verdades absolutas, es insostenible a la luz de la historia de la ciencia. Desde ésta parece imponerse la imagen del conocimiento como un proceso a lo largo del cual crece la verosimilitud del conocimiento disponible y con él la capacidad de resolver problemas y controlar y manipular la realidad. Esta capacidad creciente, por demás, es un buen argumento para sostener que conocemos efectivamente un mundo que existe más allá e independientemente de las representaciones que tengamos de él.
Es decir, según creo, la historia de la ciencia, demuestra que el hombre puede conocer el mundo, obtener conocimiento objetivo. Pero esto no conduce a identificar la objetividad del conocimiento (es decir su adecuación en cierto grado a la realidad, a la naturaleza, al mundo) y la verosimilitud creciente de las teorías que crea el hombre (es decir que en ellas hay contenidos de verdad que se incrementan con el desarrollo de la ciencia) con la imagen del conocimiento como algo infalible y definitivamente probado. El proceso del conocimiento y sus productos transitorios están siempre condicionados por el contexto histórico social y el nivel de la praxis que es propio de cada época.
Por eso, junto a la confianza en las capacidades cognoscitivas del hombre (de nosotros mismos) hay que sostener una actitud crítica ante cada uno de sus resultados. Todo conocimiento es perfectible. Y no hay un método infalible, sea inductivo, deductivo o de cualquier tipo que garantice la certeza del conocimiento.
Existen, eso sí, estrategias generales de búsqueda del conocimiento, pero no hay reglas algorítmicas infalibles. A cada paso de su labor el científico tiene que ir adoptando decisiones sobre lo que va estudiar y cómo lo va a estudiar, sobre los factores que considerará relevantes para sus estudios, sobre las influencias teóricas que aceptará o que rechazará. Todo ello se basa en una capacidad teórica que sólo se aprende investigando, preferiblemente en contacto con personas que saben hacerlo. La ciencia es una tradición, una cultura con sus propios valores, ritos, criterios de evaluación; es sumergiéndose en esa tradición donde los jóvenes aprenden a discernir las mejores estrategias para una investigación dada y los recursos tácticos que a cada paso deberán movilizar.
Fíjense que el planteamiento anterior nos conduce a la idea de la ciencia como una empresa colectiva. En la ciencia contemporánea no existen los Robinson Crusoe. La discusión colectiva es decisiva, de ahí que la noción de comunidad científica sea hoy vital para entender la práctica científica.
Esa noción que fue popularizada por Kuhn a partir de la publicación de La Estructura de las Revoluciones Científicas en 1962 apunta a la dimensión colectiva del trabajo científico. Es bueno que entendemos que la ciencia contemporánea se hace en el seno de comunidades lo cual tiene diversas implicaciones. Una comunidad científica no es una suma aleatoria de personas que comparten un local de trabajo. Es algo más: las comunidades científicas suelen compartir paradigmas, es decir modelos de solución de problemas. Las comunidades suelen ser grupos donde se comparten enfoques, métodos, objetivos, lo que genera un cierto cierre profesional que afecta la comunicación con los que comparten otros paradigmas. Un psicólogo de la Gestalt y otro Skinneriano dialogan con mucha dificultad. De modo que la adscripción paradigmática es prácticamente imprescindible en tanto a través de ella nos incorporamos a una tradición existente. Pero también aquí encontramos una fuente de dogmatismos pues es difícil descubrir lo que de valioso pueda haber más allá del paradigma que compartimos y por el que se nos juzga y evalúa en el seno de la comunidad a la que pertenecemos.
La ciencia avanza a través de la construcción de consensos comunitarios. La naturaleza, la realidad nos proporciona respuestas, hechos, a las preguntas que le formulamos a través de experimentos y observaciones. Pero son los investigadores y otros profesionales los que interpretan, evalúan y adoptan conclusiones respecto a esa información. Y ello depende del equipamiento disponible, los marcos teóricos utilizados, la sagacidad interpretativa de las personas y colectivos que evalúan los resultados, entre muchos otros factores. En la medida en que la ciencia es una empresa colectiva, la construcción de consensos, a través del debate, la polémica y las controversias, se convierte en un asunto de suma importancia.
S. Toulmin (1977) advierte este hecho e incluso subraya el papel que en la certificación del conocimiento verdadero juegan lo que él llama "los grupos de referencia", es decir las personas que por razones intelectuales o de posición social tienen un papel más relevante: "debemos ahora prestar atención a los procedimientos de selección realmente usados para evaluar los méritos intelectuales de cada nuevo concepto, y es menester relacionar estos procedimientos mismos con las actividades de los hombres que forman, por el momento, el grupo de referencia autorizado de la profesión implicada. En esta medida, hallaremos que la historia disciplinaria o intelectual de la empresa interacciona con su historia profesional o sociológica, y sólo podemos separar la historia interna de las vidas de los hombres que tienen esas ideas al precio de una excesiva simplificación". (p.153).
En otras palabras, el movimiento del conocimiento, la acreditación de la verdad debe ser relacionada con los marcos institucionales donde se produce. Barry Barnes (1977) es muy enfático en cuanto a esto: "el conocimiento no es producido por individuos que perciben pasivamente, sino por grupos sociales interactuantes comprometidos en actividades particulares. Y es evaluado comunalmente y no por juicios individuales aislados. Su generación no puede ser entendida en términos de la psicología, sino que debe darse cuenta de ella con referencia al contexto social y cultural en el cual surge. Su mantenimiento no es sólo un asunto de cómo se relaciona con la realidad, sino también de cómo se relaciona con los objetivos e intereses que posee una sociedad en virtud de un desarrollo histórico".(p.2)
Kuhn (1982) introduce una similitud entre las revoluciones científicas y políticas que es ilustrativa del papel de la comunidad y las controversias que desarrolla. Según su punto de vista, lo mismo que en la revolución política, en la elección de paradigma tampoco hay nivel superior al del consenso de la comunidad correspondiente. Esto significa que para explicar las revoluciones científicas, tenemos que examinar no sólo el impacto de la naturaleza y de la lógica, sino también las técnicas de argumentación persuasivas que desarrollan los grupos dentro de la comunidad de científicos.
El problema de los paradigmas tiene otra consecuencia. Los paradigmas pueden fortalecer los cierres profesionales y el aislamiento disciplinario. Sin embargo, una de las características del desarrollo científico del siglo XX es el incremento de diferentes formas de integración horizontal (trabajo en equipos, multidisciplinariedad, interdisciplinariedad, transdisciplinariedad) como recurso necesario para generar nuevos conocimientos y tecnología. En gran medida el desarrollo científico de vanguardia se está produciendo en los puntos de contacto entre diversas disciplinas. Se habla de la "recombinación genética" entre disciplinas y la producción permanente de productos cognitivos híbridos. El estudio de procesos complejos exige de investigaciones complejas que promuevan la multi, la inter y la transdisciplina (Morin, 1984). "Los transgresores de fronteras" pueden ser hoy más cotizados que los especialistas estrechos, pero la adscripción paradigmática no favorece este proceso. Esa es una tensión real que presenta la educación científica.
El asunto de la comunidad científica requiere una observación adicional desde el Tercer Mundo. Las comunidades de la periferia de la ciencia se caracterizan por la inferioridad numérica (casi nunca hay lo que se suele llamar "masas críticas", es decir, el número de personas que permitan articular un trabajo colectivo); a esto se suma que las revistas, libros y otras publicaciones se gestan en los países del "Centro" y el arbitraje de lo que se va a publicar se realiza según los criterios de esos países. Así, lo que se juzga como relevante, lo que se premia, las invitaciones a congresos, becas, etc. se definen con criterios del "Centro".
Es posible la ciencia sea la más transnacional de las empresas modernas.
Puede ocurrir que un trabajo sea relevante a nivel local (una innovación técnica, el caso de una nueva fuente de energía) pero signifique poco en relación a las prioridades del "Centro". En ese caso el científico encontrará escasas posibilidades de publicar, recibir honores. Esto conduce a las personas a frustraciones y es parte de los estímulos a la fuga de cerebros que las potencias cultivan con toda intención.
Lo que quiero observar es que este asunto de la fuga de cerebros, que tiene desde luego componentes políticos y económicos, posee también una base cognitiva: la corriente principal del conocimiento tiene una clara localización en el "Centro" y ello tiene notables consecuencias para las personas que se quieren desarrollar en el campo científico.
Nuevamente surge la conclusión de que la ciencia, la tecnología, la producción y legitimación del conocimiento requieren de un marco político y económico apropiado. Ese marco debe encargase de reconocer a la ciencia y la tecnología como recursos significativos y ofrecer a los científicos el estímulo que su trabajo necesita. En la "Periferia" la ciencia requiere una dosis de patriotismo, de compromiso social que difícilmente pueden engendrar las sociedades donde el individualismo es un valor dominante.

La Racionalidad y el Progreso Científico

Ahora volvamos un poco atrás. Me he esforzado por aclarar la naturaleza discutible de todo conocimiento y cómo la asimilación por parte del científico de determinados paradigmas tiene que ver no sólo con la cuota de verdad que ellos puedan contener sino también con compromisos grupales e institucionales.
Esta observación no es intrascendente. Al menos desde el Siglo XVII se viene discutiendo con asiduidad cuál es la fuente más segura del conocimiento. Las tradiciones del empirismo y el racionalismo han pugnado por aclarar en qué radica esa certeza. El empirismo ha votado favor de la subordinación del pensamiento a los datos y hechos que nos ofrecen la verdad. Más o menos es esto: hay que tomar y estudiar la naturaleza sin prejuicios, sin preconcepciones, sin especulaciones, sin influencias teóricas o valorativas que empañan la "lectura de los datos" que se obtienen a través de la inducción. Según esta concepción existe una base empírica incontestable y lo único que cabe al pensamiento es subordinarse a ella. Este es el camino de la verdad.
La tradición del racionalismo atribuye su mayor protagonismo a la razón, a la actividad del pensamiento. La fuente de la verdad está en el uso riguroso de la lógica.
Un racionalista como Gaston Bachelard insistía en que el "vector epistemológico" va del pensamiento a la realidad y no a la inversa.
Según la perspectiva del conocimiento que intento defender en estas páginas, no existe una manera única de asegurar la certeza del conocimiento. Veamos esto un poco más.
El papel activo del sujeto del conocimiento está fuera de discusión. Esos sujetos son parte de comunidades, sociedades, épocas y en ellos conforman sus capacidades cognitivas y los instrumentos para indagar la realidad. Por ello, la percepción del mundo varía de una época a otra. Sólo en el último siglo nos hemos acostumbrado a atribuir a la realidad la existencia de electrones. Hoy es un lugar común hacerlo, mas un siglo antes esto era impensable. Sólo desde Freud el problema del subconsciente puede ser de interés. Los paradigmas son maneras de ver el mundo que van cambiando con el tiempo. Con ellos cambian las preguntas que les hacemos a la realidad y los métodos para estudiarlas.
Barry Barnes (1977) resume el asunto así: "(el conocimiento también es producto de recursos culturales dados), el viejo conocimiento es de hecho una causa material en la generación del nuevo conocimiento (por ello) la racionalidad del hombre sola no basta ya para garantizarle acceso a un solo cuerpo permanente de conocimiento auténtico; lo que pueda llegar dependerá de los recursos cognoscitivos que le sean disponibles y de las maneras en que sea capaz de explotar dichos recursosDescubrir lo anterior implica examinar la generación del conocimiento dentro de su contexto social como parte de la historia de una sociedad particular y su cultura; los hombres racionales en diferentes culturas pueden representar la realidad de maneras diferentes, incluso contradictorias". (p.20).
Los conocimientos no están en la realidad, los construye el hombre; pero no el hombre aislado y ahistórico sino el hombre en comunidad, el hombre en sociedad. Así las cosas, el proceso de conocimiento puede ser concebido como un proceso de construcción social de conocimientos, que supone un diálogo, una relación de doble tráfico, entre razón y experiencia, entre teoría y empiria.
Esta formulación subraya la complejidad epistemológica, sociológica, ética, inherente al proceso de conocimiento.
No hay fundamentos indudables, instancias últimas inapelables para argumentar la verdad de un conocimiento; ni el sujeto implicado en su construcción practica una racionalidad desposeída de aspectos valorativos, preconcepciones, prejuicios. La subjetividad -no el subjetivismo- es algo inherente a la praxis científica: pasión, prejuicio, orgullo, porfiada terquedad también son, como dice Feyarbend, parte del juego de la ciencia.
Según Kuhn, la observación y la experiencia pueden y deben limitar drásticamente la gama de las creencias científicas admisibles o, de lo contrario, no habría ciencia. Ellas por sí solas no pueden determinar un cuerpo particular de tales creencias. Según su punto de vista un elemento aparentemente arbitrario, compuesto de incidentes personales e históricos, es siempre uno de los ingredientes en la formación de las creencias sostenidas por una comunidad científica dada en un momento determinado.
En Filosofía de la Ciencia, sobre todo desde los años cincuenta y más aún en los sesenta, se hizo común el reconocimiento de la "carga teórica de la observación". Miramos siempre la realidad desde "espejuelos" cuyos cristales están construidos con los materiales culturales propios de una época. No existe la posibilidad de acceder a la verdad de modo virginal: estamos siempre conducidos por las teorías, las filosofías, las preferencias metodológicas y otras que hemos recibido de la cultura científica disponible y en particular de la educación científica recibida. Fue Kuhn uno de los primeros en llamar la atención sobre el papel de la educación en la ciencia. Es allí donde se inicia la inscripción cultural del científico, proceso que continuará a lo largo de toda su carera profesional. Más aún Kuhn consideró que esa iniciación es siempre dogmática. El científico casi nunca es adiestrado para cuestionar el conocimiento recibido sino para aceptarlo y usarlo. Si todo lo dicho hasta aquí es cierto pueden ustedes juzgar las consecuencias de ese acto de asunción acrítica del saber.
Al acento relativista que procede de la carga teórica de la observación se suma el "principio de la infradeterminación". Como se ha explicado (González García et.al, 1996) este principio es la fuente de muchos enfoques sociales de la ciencia (su "base filosófica", dice Bruno Latour). Su argumento es que la evidencia empírica es insuficiente para determinar la solución de un problema dado, debido a que siempre es posible proponer hipótesis o teorías distintas que sin embargo se apoyen en la misma base empírica. Puede ocurrir que durante las controversias científicas proposiciones teóricas diferentes apelen a la misma evidencia empírica y sin embargo generen explicaciones diferentes de ella. Es el caso, por ejemplo, de la polémica entre el ambientalismo y el hereditarismo en la explicación causal de la conducta.
El corolario es que al ser insuficiente la evidencia empírica los factores epistémicos no son suficientes para definir el debate y entonces es preciso apelar a factores técnico-instrumentales que favorecen unas u otras interpretaciones y también a diversos factores sociales (criterios de autoridad, intereses, sesgos profesionales, entre otros).
Tampoco las controversias sobre prioridades en los descubrimientos, asignación de recursos, definición de políticas científicas, decisiones sobre desarrollos tecnológicos, se agotan con argumentos empíricos y suelen propiciar la intervención de factores contingentes y contextuales.
Pero esto no hace de la ciencia una empresa irracional ni del cambio científico un juego arbitrario. En cada sociedad concreta, dentro de cada marco conceptual o paradigma disponible, es posible reunir argumentos empíricos y teóricos que permitan escoger unas proposiciones científicas sobre otras. Existen resultados de experimentos y observaciones, hay teorías aceptadas que se consideran bien fundamentadas, con las cuales las nuevas ideas pueden ser comparadas; el éxito de los conocimientos aceptados para expresar los fenómenos conocidos y predecir otros nuevos también es un buen criterio para juzgar la verdad del conocimiento. También hay marcos filosóficos más respetables que otros. Es decir, para ciertos fines cognoscitivos (resolver determinados problemas planteados) es posible disponer de "buenas razones" para tomar decisiones teóricas y empíricas en el campo científico. Tal modo de proceder hace de la empresa científica una empresa racional. Los que no aceptan esta conclusión buscarán las "buenas razones" en otra parte, por ejemplo, considerarán que las adhesiones científicas se basan en esfuerzos por maximizar el prestigio personal y las ganancias de diverso orden de los científicos. Si esto fuera así la ciencia no sería una empresa racional en términos cognitivos. Sus finalidades serían otras y la racionalidad predicada podría ser política, económica o de otro tipo, pero nunca científica.
De todos modos no hay que echar en saco roto lo juicios de los críticos de la racionalidad científica. Hay que admitir que las distorsiones y la sustitución de fines cognitivos por otros de naturaleza menos epistemológica es siempre posible.
Michel Foucault, obsesionado por la relación entre conocimiento y poder, llegó a decir que cada sociedad tiene su "régimen de verdad", es decir, cada contexto tiene su "filtro" que define lo que es aceptable o no en términos del conocimiento y también señalaba que debía admitirse que el poder produce saber, que saber y poder se implican directamente el uno al otro; que no existe relación de poder, sin constitución correlativa de un campo de saber.
Max Plank en su autobiografía se quejaba de la resistencia que las generaciones de científicos "en el poder" ejercen al cambio científico. La autoridad -que no es sólo científica- juega un papel importante en la validación del conocimiento, en lo que se juzga como conocimiento relevante. Años más tarde Plank se opondría al Premio Nobel de Einstein ratificando con ello que la lucha entre lo viejo y lo nuevo es propia del campo científico.
En resumen los procesos de producción y legitimación del conocimiento no son ajenos a conflictos de poder, generacionales, entre otros.
En los tiempos que corren donde "el templo" de la ciencia se llena de "mercaderes", de gente buscando hacer negocios y donde el problema no es tanto qué se puede hacer sino qué se debe hacer, el "controlético" de la práctica científica es imprescindible.
Pero recordemos que la actividad científica es una empresa colectiva. Existe la discusión científica, las publicaciones, los juicios de pares, es decir, la empresa científica está dotada de controles comunitarios que reducen el margen a la charlatanería. Ese control colectivo debe estar permanentemente activado pero tampoco él lo garantiza todo.
El empirismo de corte neopositivista veía en la aplicación del método y en la verificación empírica de las teorías a través del más puro inductivismo la garantía de la verdad. Popper se dio cuenta de la fragilidad del inductivismo y sugirió que las teorías nunca pueden ser totalmente verificadas (miles de cisnes blancos no pueden asegurar la proposición "los cisnes son blancos") porque siempre es posible que aparezca un cisne negro. Sin embargo, ese sólo cisne negro permite asegurar que "no todos los cisnes son blancos". En otras palabras las teorías pueden ser refutadas (falseadas) pero no verificadas. Para él la empresa científica es esencialmente deductiva: es a partir de hipótesis generales que se producen las contrastaciones empíricas. Deducción en lugar de inducción y falsación en lugar de verificación. Junto a esto Popper sustituyó la meta de alcanzar una quimérica verdad por la idea del incremento de la verosimilitud de las teorías, algo más modesto.
Desde esta perspectiva la racionalidad científica no consiste en verificar teorías por vía inductiva sino en elaborar hipótesis y someterlas a test muy severos para refutarlas o aceptarlas provisionalmente.
Para Popper la actitud realmente científica consiste en someter las hipótesis, incluso las propias, a la refutación permanente. Imre Lakatos, filósofo húngaro ya fallecido, incisivamente le preguntó: ¿conoce usted a algún científico que se proponga refutar sus propias proposiciones?
Repasen ustedes las revistas científicas guardadas en las bibliotecas de sus facultades y verán que esa no es la actitud científica normal. Más bien hay resistencia al cambio y creación de hipótesis ad hoc para evitar que las ideas básicas contenidas en las teorías sean refutadas. Esto es lo normal.
De todos modos tanto en el empirismo lógico como en el falsasionismo popperiano no se pone en duda la racionalidad y el progreso de la ciencia.
Fue Robert Merton (1980), sociólogo, creador de la Sociología de la Ciencia, quien compartía esos ideales, el que propuso ciertas normas que garantizasen el ejercicio de la racionalidad y el progreso cognoscitivo. Esas normas: comunismo, desinterés, universalismo y escepticismo organizado, constituían el "ethos de la ciencia" cuyo custodio es la propia comunidad. Así, una empresa racional por sí misma se protegía de las "tentaciones mundanales" sobre la base de un código ético normativo. Los científicos individualmente podían desviarse pero la comunidad se encargaba de evaluarlos y corregirlos. Voy a explicar brevemente el contenido de estas normas.
El Universalismo es quizás la más importante de las normas que forman el ethos científico. Las pretensiones de verdad deben ser sometidas a criterios impersonales tales como la adecuación a la experiencia y el conocimiento confirmado. Lo que importa son las pruebas y los argumentos, no el origen social, raza o sexo del que propone las ideas. El Universalismo debe abrir el camino al talento.
El Comunismo subraya que los hallazgos de la ciencia son producto de la colaboración social y por tanto son asignados a la comunidad. Las aportaciones son una herencia común, el derecho del productor individual se limita al reconocimiento por el aporte. Los productos del conocimiento son socializados preferentemente a través de las publicaciones, lo que se favorece porque las instituciones presionan a los individuos a publicar para expandir el conocimiento y satisfacer con ello ciertos estándares de calidad. Así, el científico intercambia conocimiento por reconocimiento de los restantes investigadores y la comunidad en su conjunto.


REFERENCIAS http://www.oei.es/salactsi/nunez05.htm

POSTEO ANA LUCIA VANEGAS MARTINEZ